Lo nuevo en la Liga Distributista

jueves, 30 de abril de 2009

Sulspiciano y Modernismo eclesial: Dos caras de una misma moneda


ESCILA Y CARIBDIS: El Arte Sulpiciano y L’Art Sacré

Satanás siempre envía el error al mundo de a pares que son opuestos.
Su gran esperanza es que
uno se pondrá tan mal por uno de sus errores
que reaccionará cayendo en su opuesto, y así te atrapa.
-- C. S. Lewis

ESCILA: EL ARTE SULPICIANO


“En 1862, París tenía al menos ciento veintiún empresas que fabricaban y comercializaban cultura católica: recipientes de agua bendita, medallas, estatuillas, crucifijos, rosarios, estampitas, exvotos, joyería religiosa, velas, escapularios, pesebres, Agnus Dei en cera, mantillas y novenas. Desde la década de 1840, la orilla izquierda de París se había convertido en el centro mundial de venta de arte litúrgico (cálices, vestiduras, ornamentos) y arte sacro (vitrales, estatuas, murales). El área alrededor de la rue Saint-Jacques y de la iglesia del Saint-Sulpice se convirtió en sinónimo de objets de religion para el culto doméstico y arte eclesiástico. Lo que me preocupa aquí no son los pequeños objetos que los católicos ponen en sus bolsillos o colocan en sus altarcitos en casa. Sino, el debate entre qué hay de vulgar y qué de arte en eso que se originó con la denominación de l'Art Saint-Sulpice en la decoración de las iglesias.

“Los comercios del barrio de Saint-Sulpice vendían estatuas y mobiliario eclesiástico que se fabricaba en fábricas fuera de París…El yeso podía moldearse y fácilmente esculpirse para lograr imágenes realistas de Cristo, María, los santos y los ángeles. A diferencia de las estatuas realistas del período barroco, l'Art Saint-Sulpice evitaba las imágenes sangrientas y dolorosas de Cristo y los mártires. Nunca había enfermedad o descomposición en l'Art Saint-Sulpice...

“Para fines del siglo XIX, l'Art Saint-Sulpice se convirtió en el estilo internacional del arte de la Iglesia católica. Desde Irlanda hasta México, la India o los Estados Unidos, el arte local fue reemplazado por productos importados de Francia o copiados sobre el molde francés. En los Estados Unidos, la zona alrededor de la calle Barclay en Manhattan era donde habitaban las firmas importadoras comercializaban el arte religioso francés y las empresas que fabricaban localmente los productos devocionales católicos.”

--Colleen McDannell, Material Christianity (Yale University Press, 1995).
“Se dirá [en el futuro] que los artistas [de comienzos del siglo XX] han cedido sus puestos a los mercaderes; parecería que el escultor y el orfebre ya no se preocupan por hacer objetos bellos de inspiración piadosa, sino en realizar el modelo industrial pasible de ser multiplicado por docenas. La noble escultura del mármol y la madera ha sido dejada de lado ante la invasión del yeso común. Las lámparas y los candelabros, y cálices y ciborios (inmensamente depresivos) han sido considerados muchas veces como mera herramientas. Y en esta inundación de tantos objetos profanos y vulgares, tan deplorables en forma como en material, sería inútil buscar cualquier signo de inspiración religiosa o incluso del recogimiento de respeto debida al noble destino para el que fueron forjados: el honor de la Casa de Dios y la participación en el augustísimo sacrificio… Cualquier que desee encontrar en el templo un contexto conducente a la elevación del espíritu debería condenar repetidamente la profanidad del arte religioso moderno.”

--Demetrio Zurbitu Recalde, S.J.,
Talleres de Arte and the Renovation of Liturgical Art (1929).
“Casi todo ha sido dicho ya respecto a lo que es llamado arte sulpiciano – una mal escogida frase, debe decirse, y una que es muy insultante para con una parroquia parisina muy estimable, más aún porque la tortura en cuestión es mundial en su espectro; por su diabólica fealdad, ofensiva a Dios y mucho más dañina de lo que se cree para la propagación de la religión, de la mayoría de estos objetos convertidos por la manufactura moderna en decorativos de iglesias.”

--Jacques Maritain, Art and Scholasticism (1935).


-----

CARIBDIS: L’ART SACRE


L’Art Sacré se encontraba en el centro de un intento por reconciliar el arte moderno con la Iglesia católica francesa. Publicada en dos series, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1937 y 1954, editada por dos dominicos, [Pie-Raymon] Régamey y [Marie-Alain] Couturier, fue la inspiración detrás de unos pocos proyectos a gran escala: las iglesias y capillas de Assy, Vence, Audincourt y Ronchamp. En 1950, apareció una Resistencia muy agresiva, en particular, por el crucifijo de Germaine Richier para la iglesia de Assy. ¿En cincuenta años, decía un artículo, quién recordará al Reverendo Padre Régamey y al Reverendo Padre Couturier, con toda esa escrupulosa e ingenua admiración por obras asquerosas, algunas de ellas barrocas, otras monstruosas, otras satánicas?”

--Alain Besançon, The Forbidden Image (University of Chicago Press, 2001).
“En 1925, a la edad de 27 años, Pierre Couturier dejó de lado sus pinceles para hacerse un monje dominico [sic]. Años después, sus superiores espirituales pidieron al Pére Couturier que les dijera qué pensaba del arte en las iglesias actuales. Su respuesta vino con sorprendente vehemencia. Nuestro arte eclesiástico está en una decadencia completa, disparó. Está muerto, lleno de tierra, académico – imitaciones de imitaciones… sin poder para hablar al hombre moderno. Están fuera de la Iglesia los grandes maestros modernos – Manet, Cézanne, Renoir, Van Gogh, Matisse, Picasso, Braque. La Iglesia no ha salido a su encuentro, como debería, para atraerlos… Los superiores del Padre Couturier quedaron impresionados. Vea lo que puede hacer, le dijeron…”

“Revestido de blanco y con aspecto ascético, el Padre Couturier... se convirtió en la luz y el poder de un pequeño pero significativo movimiento entre los artistas franceses… En su tiempo libre se ha dedicado con energía incansable a visitar los estudios de artistas en todos lados y decirles que la Iglesia es el lugar a donde sus obras pertenecen. Adicionalmente, fundó, hace doce años, una pequeña revista L’Art Sacré, que ha tenido una influencia significativa tanto sobre los sacerdotes franceses como sobre los artistas.

“Gradualmente ha obtenido el interés de los más escépticos y agnósticos entre los pintores, incluyendo unos pocos comunistas (por ejemplo Picasso). El Padre Couturier da la bienvenida a todos, cualquiera sea el estado de su fe. Comenzamos, explica, con el supuesto de que los artistas son hombres y por lo tanto pecadores. Si sus pecados son algunas veces notorios es porque son hombre de imaginación, son artistas. Pero todo fluye de nuestra cultura e incluso de nuestra religión… Cuando alguien se cree a sí mismo comunista, es que son comunistas en cuanto artistas por amor a los pobres. Debemos liberarlos para que trabajen para nosotros, debemos darles el derecho de pintar nuestros muros, y nos relatarán nuestra gran historia como no ha sido contada en 500 años.

El Padre Couturier tiene varios proyectos con diferentes etapas. Algunos son retardados por eclesiásticos que tienen ideas opuestas acerca de cómo debe decorarse una iglesia. Pero el trabajo del Padre Couturier es encontrar apoyo entre sus colegas clérigos e incluso entre anticlericales como Henri Matisse, viejo maestro de la pintura francesa.”

--Revista Time, 20 de junio de 1949.
“En nuestro tiempo presenciamos el peculiar estallido de la fealdad y la brutalidad en el terreno del arte; sí, incluso en el campo del arte cristiano. Esta epidemia mórbida tiene la forma de una artritis deformante o un elefantismo o un arte leproso… El difunto cardenal Constantini, presidente de la Academia Pontificia de Arte, hablaba de blasfemias visuales y horrores figurativos del arte modernista, que producían una cierta repugnancia y disgusto. Nuestro Señor, la Santísima Virgen María, los santos son pintados con caras cretinas y manos y pies afectados por elefantiasis. Cristo, en la Cruz, es reflejado degradado y casi como un animal. Vemos santos con caras simiescas y en actitudes que nos recuerdan un hospital mental o una institución de enfermedades anormales. Muchos sospechas – y no sin razón – que nos enfrentamos aquí con las infiltraciones del comunismo buscando convertir a la religión en algo ridículo y repulsivo, especialmente para los niños.”

--Mons. Rudolph G. Bandas,
"Modernistic Art and Divine Worship",
The American Ecclesiastical Review, 1960.
----------------------

Una persona que quiera entender el surgimiento extraño y atemorizante del arte modernista en la Iglesia católica debe primero comprender el estado del arte católico al comienzo del siglo XX. L’Art Saint-Sulpice fue el primer arte católico producido en masa y comercializado en forma masiva. Era barato, uniforme y sentimental; no había sido tocado por la labor artesanal; no era hecho para perdurar ni para vivir / sino para venderse y venderse rápido.

A ojos vista de la otra punta de la crisis del arte modernista, las estatuas de yeso del 1900 ya no se ven tan mal; al menos permiten reconocer su tema y son capaces de lograr alguna clase de piedad; para los católicos americanos, son con frecuencia los únicos ejemplos familiares del viejo arte católico.

Pero en los tiempos en que era fabricado, l’Art Saint-Sulpice era sin duda el peor arte que alguna vez había producido la Iglesia católica hasta el momento. Entre aquéllos que conocía las exigencias de la historia, la liturgia y la teología sobre el arte católico, era universalmente deplorado – y con razón. Nadie imaginó que algo peor emergería – tan espantoso que haría que incluso l’Art Saint-Sulpice pareciera lindo en comparación.

En este contexto, el improbable surgimiento de L'Art Sacré se comprende mejor. El Padre Couturier y sus amigos argumentaban que la única manera en que la Iglesia pudiese escaper de la banalidad de l’Art Saint-Sulpice era abrazar el modernismo como lo ponían en práctica Picasso y LeCorbusier.

La falacia de las dicotomías y analogías necesarias para sostener un argumento tan absurdo es obvia en retrospectiva, pero para muchos hombres de ese tiempo, descorazonados por el bajísimo nivel de l’Art Saint-Sulpice, era leída con simpatía. Menos se entiende que aún hoy alguna gente lo tome en serio, luego de los desastrosos resultados que ha tenido; en un artículo de Maureen Mullarky publicado en la revista Crisis hace unos años, se repiten al hartazgo los cansadores argumentos de Couturier.

La mayoría del catolicismo cayó en este error artístico de fines del siglo XIX y comienzos del XX: pegajoso, sentimental, producido en masa, de material barato. Y luego siguió al primer hombre que, prometiéndole ayuda para escapar, lo condujo rápidamente y con toda la determinación posible a un error peor: iconoclasta, nihilísticamente abstracto, subhumanamente monstruoso. Algunos católicos, reaccionando ante esto, ahora desean volver al primer error.

Deseando revivir la dignidad, la sacralidad, la popularidad y el simbolismo que el arte sagrado tenía en tiempos de fe, miramos el arte de aquellos tiempos buscando inspiración – no las profanaciones de la vanguardia contemporánea, no la vulgaridad del pasado anterior. Y recordamos que a fines del siglo XIX y principios del XX hubo grandes artistas sacros, no importa cuánto Maureen Mullarky pretenda ignorarlo. Estos artistas comprendieron muy bien las fallas de l’Art Saint-Sulpice y buscaron revivir el arte cristiano tanto en su inspiración como en su manufactura – sin abrazar los principios iconoclastas y secularistas del modernismo. Estos artistas no fueron meros copistas, sino hombres con creatividad profunda cuyos trabajos, al mismo tiempo que buscaban continuar las mejores tradiciones de la Iglesia, eran frescos y excitantes. Es aquí donde también debemos buscar; al renacimiento gótico, la Scuola Beato Angelico de Milán, la abadía de Beuron, los Talleres de Arte de Madrid o el mal llamado Modernisme de Barcelona.


--> Leer...

martes, 28 de abril de 2009

¿Sólo un experimento? El Programa Pearson de Humanidades Integradas (Kansas, EE.UU., 1971-1979)

Para comprender lo que fue este Programa, debemos primero remontarnos al inicio de la década de 1930 y la Gran Depresión. En medio del caos económico y social que asolaban los Estados Unidos, muchas pequeñas universidades se encontraban ante la posibilidad cierta de cerrar sus puertas. Una de éstas era la Universidad de Chicago.

Los administradores de la Universidad decidieron contratar como presidente (equivalente a nuestro rector) al joven decano de Derecho de la tradicional Universidad de Yale, Robert Hutchins. Para ese entonces Hutchins había adoptado las ideas de su amigo, Mortimer Adler, un joven profesor de Filosofía de la Universidad de Columbia que había implementado entre sus alumnos la lectura obligatoria de los libros clásicos de la cultura occidental. Sin filtros, sin opiniones “autorizadas”, sin resúmenes ni manuales ni tratados; sólo la materia prima para que los alumnos sacaran sus propias conclusiones.

Esta filosofía educativa, el “Perennialismo Secular”, fue aplicada por Hutchins a todo el currículo de grado de la Universidad (el college) con significativo éxito, alejando los fantasmas del cierre y convirtiendo a Chicago en una de las grandes universidades estadounidenses.

Los bachilleres de artes (algo así como licenciados en humanidades) estudiaban todos un mismo core curriculum (programa central) que incluía todos los grandes libros de Occidente. Sin embargo, algo faltaba. Para fines de la década, el presbiterano Hutchins y el judío Adler habían alcanzado el convencimiento de que la verdadera solución a los problemas filosóficos planteados en estos Grandes Libros estaba en Aristóteles y Tomás de Aquino, y en ese sentido quisieron reformar la Escuela de Leyes. Pero ni el cuerpo de profesores (faculty) ni los administradores quisieron saber nada con ello. El Perennialismo había alcanzado su techo, aunque las ideas de Hutchins y Adler se aplicaron con éxito diverso en pequeñas universidades humanísticas (liberal arts colleges).

Treinta años después del experimento de Hutchins y Adler, tres profesores de la Universidad de Kansas (en el pueblo de Lawrence, Estado de Kansas) comenzaron uno propio, mucho más atrevido. En 1971, Dennis Quinn, John Senior y Frank Nelick, tal el nombre de esos docentes, dieron inicio a un programa de cuatro semestres para alumnos de primer y segundo año: The Pearson Integrated Humanities Program (el Programa Pearson de Humanidades Integradas). La financiación del programa provenía justamente de la Beca Pearson para el estudio de la civilización occidental.

En tiempos en que las universidades estadounidenses experimentaban graves problemas estudiantiles vinculados a la protesta anti-bélica (Vietnam), los “derechos civiles” y el movimiento contracultural, el IHP significaba también una queja antisistema. En ese tiempo (y aún hoy) en las grandes universidades, los alumnos de primer y segundo año asistían a clases “obligatorias” sobre materias generales y aparentemente desconectadas de la carrera, frecuentemente dictadas por ayudantes o en forma magistral por profesores aburridos y rutinarios, especialistas en su pequeño fragmento del saber. Los freshmen (novatos) y sophomores (los de segundo año) buscaban tomar la mayor cantidad de apuntes mientras contaban los interminables minutos para terminar el día de clases y poder dedicarse a estudiar, hacer deportes, tocar en alguna banda de rock y asistir a fiestas donde el descontrol era una forma de huir de esa vida.

Un día apareció un volante convocando a los alumnos de primer y segundo año a concurrir al Smith Hall, un salón en forma circular en medio del campus donde generalmente practicaba la orquesta de la Universidad. No se convocaba a alguna materia útil, ni a una capacitación en alguna disciplina que los haría ganar unos cuantos dólares adicionales al graduarse. No, se hablaba de vocaciones, del llamado a ser marinero, soldado, granjero, padre de familia, poeta, artesano... Los curiosos alumnos tomaron sus asientos alrededor de tres profesores que conversaban entre ellos acerca de la Odisea de Homero, leían fragmentos y los comparaban con La República de Platón. Luego alguno recordaba alguna historia campesina o entonaba la estrofa de alguna canción folclórica. Más de una vez se recitaba un soneto de Shakespeare vinculado al tema de la charla. Pues eso era, nada más que una charla de tres profesores que parecían ignorar a los jóvenes de 18 y 19 años que los rodeaban.

Pronto, todos los martes y jueves llegaban a agolparse hasta más de 200 alumnos para escuchar a esos profesores locos. Había dos únicas reglas: (1) no podían tomar apuntes, y (2) sea lo que sea que tuviesen para comentar, debían hacerlo en voz alta. Las risas eran comunes y, de vez en cuando, también el llanto.

De pronto lo más curioso comenzó a suceder. Grupitos de compañeros del Programa se reunían después de clases y, como imitando a sus profesores, aprendían poesía de memoria, escribían, leían algún texto de Aristóteles o Cicerón y lo debatían, escuchaban música clásica y folclórica, trataban de corregirse mutuamente en la dicción, la oratoria y el estilo. Incluso, algunos comenzaron a estudiar caligrafía para poder entregar a los profesores sus propios poemas. Otros, queriendo experimentar por sí mismos lo que leían en los clásicos, se reunían por la noche para identificar las estrellas y estudiar sus movimientos. Conseguían alguien que les enseñe latín. Y así, se “entrenaban” para poder participar en la próxima clase.

Los mismos estudiantes sugirieron y organizaron un vals anual. Se consiguió alguien que enseñara a bailar, una orquesta y el salón de bailes de la Universidad. Al baile anual de primavera iban, incluso, los padres de los chicos que no podían creer ver a estos hippies vestidos de gala disfrutando la música de Strauss.

Y al año siguiente, los “viejos” del Programa eran quienes transmitían el conocimiento a los nuevos. Aprendían de ellos, las poesías. Bajo su supervisión, estudiaban caligrafía. Guiados por los mayores, daban sus primeros pasos en el vals.

Explicaba Frank C. Nelick que un día, mientras leía con sus alumnos de primer año un pasaje de Boarded Window de Ambrose Bierce, comprendió que era culpable de un pecado cardinal: enseñar mal. “Les daba respuesta literarias a preguntas humanas que mis estudiantes ni siquiera se habían aún formulado. Peor aún, al menos en esta instancia, hacía imposible para ellos cualquier comprensión de la Literatura como un arte al reemplazar su significado con un análisis quasi histórico de sus antecedentes.” Desde el Renacimiento para acá, el conocimiento es reducido a palabras impresas. La educación ya no consiste en un gran diálogo de mentes sino en la adquisición de conocimientos. El aprendizaje es reemplazado por la escolarización. La sabiduría moderna parecería consistir en saber relacionar palabras, no en conocer la relación entre las cosas. Al enseñar poesía, la universidad moderna nos explica los instrumentos y los métodos, pero no nos responde para qué es la poesía. “Tradicionalmente, la causa final de la Literatura era la instrucción de la persona mediante el gozo.” La poesía trata de realidades e intenta acercarnos a ellas mediante representaciones, imágenes o imitaciones. Una educación neutral respecto a la virtud o la verdad es imposible, pues educar significa totalizar, completar y delinear.

No hacía mucho la universidad consistía simplemente en un cuerpo de Literatura —las humanidades— que toda persona educada debía conocer en detalle. Lo otro, lo arcano, lo exótico y lo peculiar quedaban para el gusto privado. Había un centro o conjunto de enseñanzas comunes que uno podía suponer que cualquier doctor conocía bien. Pero con la aceleración de los descubrimientos de las ciencias duras, la universidad buscaba ahora lo novedoso, los espectacular, lo avanzado. Se había perdido el sentido de las prioridades, la importancia de ocuparse primero de lo primero. Y lo primero, como la poesía o el latín —a juicio de Nelick— quedaban, a lo sumo, como materias optativas. Con la muerte de la poesía, la universidad se había convertido en un conjunto de especialistas incultos. Si no queremos perder lo que queda de la cultura occidental, debemos recuperar el “orden poético del conocimiento”, decía el profesor.

Tras años de estudio, experimentación y meditación, John Senior, por su parte, se había convencido de que leer los “Grandes Libros” no era suficiente. Una formación tal, decía, es como beber “buena champaña en botellas de plástico”. “Las semillas son buenas pero el suelo cultural ha sido devastado; las ideas seminales de Platón, Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás prosperan sólo en una tierra imaginativa saturada de fábulas, cuentos de hadas, leyendas, rimas y aventuras: los mil libros de Grimm, Andersen, Stevenson, Dickens, Scott, Dumas y los demás”. Sin los “buenos libros”, los “grandes libros” no pueden fructificar. Por el contrario, sus estudiantes venían a la universidad habiendo sido criados en la “pesadilla aire-acondicionada”, con sus sentidos atrofiados imposibilitados para poder reconocer la belleza, la verdad y el bien.

Otro de los temas de Senior (no quería que le llamasen “profesor Senior”) era el de la desintegración del saber. El verdadero humanista no se logra por la mera sumatoria de especializaciones. Debe hablar y pensar en términos de totalidades, no de parcialidades. El problema del moderno es que pretende sacar conclusiones generales por la mera agregación de conclusiones parciales. Esto es lo que Senior llamaba la artificialidad del Modernismo. La mera suma de unidades no nos da un todo coherente, sino un amontonamiento artificial. Por eso el Modernismo se despega de la realidad y pierde el sentido del ser, hasta descreer del principio de no contradicción y negar la metafísica. Y esto nos lleva a la segunda nota característica del Modernismo, según Senior: el sensacionalismo, el divorcio de los sentidos de la realidad. La realidad es construida artificialmente para adaptarla a la mente. El científico es un mago. El artista es un mago. La alucinación es la aniquilación del ser. La híper especialización es la aniquilación de la sabiduría.

Por su parte, Denis Quinn invitaba a recuperar la pedagogía clásica, lo que él llamaba “educación por las musas”. A diferencia del método dialéctico utilizado por las universidades que seguían programas de Grandes Libros, el profesor Quinn proponía dar lugar a la acción de las musas: la tragedia, la comedia, la poesía, la religión, la épica, la danza, la historia y la astronomía que han inspirado desde la antigüedad a toda manifestación musical, a la Música con “m” mayúscula. La forma en que aprenden los niños —con cuentos, leyendas, bailes y canciones—. Debe ser ésta, decía Quinn, una educación elemental, esencial, primaria, constitutiva, concerniente a principios, simple, integral e integrada, totalizadora... Las musas inspiran al principiante y al amateur, a quien busca el conocimiento sólo por amor, quien se ve atraído por el misterio y el asombro de las cosas. Las musas tienen incluso su método: no aparecen primero en el intelecto en primer lugar, ni surgen de la dialéctica; no buscan convencer ni probar ni, menos aún, transmitir una ideología.

El problema de los alumnos universitarios no es tanto que tengan dificultades en seguir un razonamiento lógico, sino que ni siquiera saben usar sus sentidos. No sólo los sentidos externos, atrofiados por la televisión, la música enlatada, la comida rápida, los desodorantes y la ropa sintética; sino también, los sentidos internos, la memoria y la imaginación, perdidos a mano de una pedagogía para minusválidos. Y llegamos de nuevo a la poesía. “La primera cosa a hacer con un poema o canción es simplemente aprenderlo de memoria”, decía Denis Quinn.

Nelick, Quinn y Senior habían pasado largas horas comentando un pequeño ensayo del Cardenal Newman en el que divide la historia de la Iglesia en tres edades: la benedictina, la dominicana y la jesuita. A la primera edad, la de San Benito, correspondería la poesía. A la de Santo Domingo, la ciencia escolástica. A la de San Ignacio, la práctica de la enseñanza en los colegios y universidades. Pero Newman recalcaba que para avanzar en una etapa era necesario primero descollar en la etapa anterior: un Santo Tomás no hubiese sido posible sin la experiencia benedictina del regocijo en la Creación y la música diaria del amor de Dios; del mismo modo, un San Ignacio no se encontraría sin la elegante precisión del dulce razonamiento tomista. Saltear etapas, creía el célebre Cardenal, era un error desastroso. Los profesores del Programa, por su parte, estaban convencidos que en nuestra “edad oscura” actual, debíamos recuperar el espíritu benedictino, el de la poesía.

Los mismos estudiantes idearon el lema del Programa: Nascantur in admiratione (Dejadlos renacer en la admiración). Una educación poética sólo es posible comenzando por el principio: en el campo antes que en el laboratorio, en las cosas cuantificables antes que en los teoremas abstractos, en el ordenamiento del hogar antes que en las grandes leyes económicas. También los estudiantes idearon el logo no oficial del Programa: en la noche, bajo las estrellas, el Quijote, lanza en alto, atraviesa un arco romano que parece la puerta hacia el conocimiento. Así se veían a sí mismos.

John Senior explicó alguna vez que el IHP no era un curso sino un programa, como el programa de un concierto o de un evento o de una obra teatral. Era un programa de humanidades pues trataba de todos aquellos aspectos que tocan a la especie humana en tanto humano, es decir “en tanto que el hombre tiene inteligencia, memoria y voluntad, y las propiedades que se siguen de estas facultades tales como la libertad, la risa, el disfrute de la poesía y de las otras artes, la apreciación de la excelencia formal de la naturaleza, los artefactos y los deportes”. Humanidades que son pre-científicas, sólo basadas en la experiencia. Pero estas humanidades no se estudiaban en el Programa en forma analítica, externa y categorizada, sino unidas como un organismo vivo, integral, donde cada materia era aprendida a la luz de las otras, y todas a la luz del bien, la verdad y la belleza.

Recordaba Senior una figura alegórica que nos viene de la Edad Media que muestra a la educación como una torre de varios pisos. El niño ingresa por la planta baja y es recibido por el maestro con su Donatus —el libro de Gramática—. En el segundo piso, el niño aprende la Lógica de Aristóteles, y en el tercero, la Retórica de Cicerón. Del cuarto al séptimo piso, el adolescente aprende Aritmética, Geometría, Música y Astronomía. Y, de allí, el joven pasa a los pisos superiores: Física, Biología, Psicología, Ética, Economía y Política. Culminando con la Metafísica, hasta llegar al último piso: la Teología. Pero no se pretende que el joven ya adulto quede allí, sino que descienda la torre y que, en la práctica de su arte u oficio, conserve la visión de su lugar en el esquema del universo. “Ésa es la diferencia entre una escuela técnica y una universidad: la universidad se eleva a lo universal; integra lo horizontal en lo vertical.”

Y fue en busca de esta verticalidad que dos de los alumnos del Programa viajaron a Francia en 1972. El plan era estudiar la vida en las pequeñas aldeas rurales. Quisieron escuchar canto gregoriano de primera mano. ¡Tanto habían escuchado hablar a sus profesores! ¡Hasta se sabían de memoria algunos himnos! Pero encontrar canto gregoriano en la Francia de comienzos de los ’70 no era tarea fácil. Fue así que visitaron la Abadía de Fontgombault donde aún podía escucharse el canto ancestral de la Cristiandad. Se acababa su tiempo, pero los dos jóvenes pidieron quedarse un tiempo más, alojados en la abadía. Uno de ellos, tras convertirse al catolicismo, ingresó a la comunidad monástica. En los años siguientes, grupos de hasta cien alumnos visitaban cada año Francia, Irlanda, España, Italia…

Sin que nunca se hablara de religión en las clases del Programa, más de doscientos alumnos se convirtieron al catolicismo. Y muchos de ellos atrajeron a sus familiares y amigos. Fuera de clase, algunos se reunían a aprender el Catecismo que podía enseñarles algún compañero católico o, simplemente, lo pedían prestado en la biblioteca de la Universidad. Unos pocos recitaban el Pequeño Oficio de la Virgen en la iglesia local. Pronto los tres profesores eran invitados a dictar charlas por personas que habían escuchado o visto a sus alumnos en las pocas iglesias católicas locales o en alguna biblioteca. Y así recorrieron los pueblitos más diversos del este de Kansas y el oste de Missouri.

Pero para 1976 comenzaron los problemas. Primero fueron las amenazas de algunos padres que no querían a sus hijos en un monasterio católico. Luego las quejas del Departamento de Francés de la Universidad de Kansas que reclamaba el monopolio de los viajes de estudio a ese país. Para 1977 el caso estaba en los medios de difusión de todo el Estado de Kansas. Se hablaba de una conspiración internacional católica de lavado de cerebros. Se preguntaban los diarios y noticieros cómo tres respetables profesores universitarios se habían convertido en tales canallas. Dos años después, la Universidad dio por terminado el “experimento” del Programa de Humanidades Integradas Pearson.

En los ’80, un grupo de ex alumnos del Programa Pearson fue invitado al Colegio Saint Mary de Kansas por el rector —un sacerdote francés que había sido discípulo de André Charlier—. Pero las quejas de algunos padres, pusieron fin nuevamente al experimento.

Sin embargo, de alguna manera, el legado sobrevive. Por el IHP pasaron, entre otros, el P. James Jackson (rector del seminario estadounidense de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro), Dom Phillip Anderson (prior del Monasterio benedictino de Clear Creek en Oklahoma), los dos primeros directores de la Academia Saint Gregory (de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro), profesores de las universidades de Dallas, Ave María (hoy en Naples, Florida), Thomas Aquinas (Santa Paula, California) y Christendom (Fort Royal, Virginia Occidental), además de varias academias de educación familiar (homeschooling).

“En tu educación, pasada y futura —dijo John Senior en un discurso a los alumnos que se graduaban de la universidad— en la búsqueda de felicidad, en el matrimonio, en la amistad, en la vocación, en la recreación, en la política y en los meros trabajos, si puedes encontrarlos —a largo plazo—, deberás preguntarte: ¿De qué se trata todo esto? ¿Parte de qué son todas estas actividades y compromisos? ¿Qué es lo que los integra? Si te olvidas todo lo que aprendiste en la universidad —la mayoría te lo olvidarás— recuerda al menos esta pregunta —estará en el ultimísimo examen final que tu conciencia hará en el último momento de vida—: ¿En tu búsqueda de horizontes, de cosas horizontales, has podido elevar tus ojos, tu mente y tu corazón hacia las estrellas —hacia las razones de las cosas, y otras más atrás, como el gran poeta Dante dice en la cima de la torre de su poema: Al Amor que mueve el sol y todas las otras estrellas?”



--> Leer...

Aviso: Retiro espiritual a cargo de Monseñor Baseotto

El Foro de Familias de Tortuguitas “Sagrada Familia” y el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval invitan al Retiro Espiritual que predicará Mons. Antonio Baseotto, CSSR, del 22 al 25 de mayo de 2009, desde el viernes a las 18 hasta el lunes (feriado) a las 19 hs. Régimen de silencio. San Miguel, Villa Asís. Informes e Inscripción: Riobamba 337, Ciudad de Buenos Aires. Tel. (011) 4372-9670 ó (02320) 49-2119. Correo electrónico: cfsanbernardo@yahoo.com.ar
--> Leer...

domingo, 26 de abril de 2009

San Jorge, el Dragón y una cerveza


San Jorge bendito, patrón de Inglaterra,
tú, que, antes de dar muerte al infernal Dragón,
bebiste tu cerveza en pote de latón,
a modo de buen inglés, que, en paz como en la guerra,
no engulle un mal bocado sin darle un remojón.

San Jorge bendito, patrón de Inglaterra,
de la ínclita doncella valiente defensor,
tú no merecías ser nuestro protector
si no tuvieses ya el aire de la tierra,
y, a modo de buen inglés, tomases el asado
con su acompañamiento de guisante granado.

San Jorge bendito, patrón de Inglaterra,
con gran honor alzamos tu escudo y tu blasón
e invocando tu nombre partimos a la guerra.
Y como antaño hicieron los hijos de Albión,
no admitimos manduca sin vino a discreción.

G.K. Chesterton, La taberna errante (1914).



--> Leer...

jueves, 23 de abril de 2009

Con Dios en Rusia

Joseph P. Bonchonsky
Columnista invitado
New Oxford Review
Noviembre de 2007

Joseph P. Bonchonsky es Presidente del Centro de Investigación Bizantino-Católico de los Estados Unidos en Mount Shasta (Estado de California), y autor de The Other Catholics, Obedient and Faithful.
El viaje de 23 años del sacerdote estadounidense Walter Ciszek, S.J., por la Unión Soviética es un ejemplo clásico del esfuerzo de los jesuitas que respondieron al llamado del Papa Pío XI de ir en ayuda de los ortodoxos rusos en los ’30. Los soviéticos habían reducido el sacerdocio ortodoxo ruso de 57.000 en 1917 a 5000 en 1939. Un total de 146.000 religiosos (sacerdotes, monjes, diáconos y monjas) habían sido reducidos a 15.500 tras el paso por el archipiélago gulag. Las muertes de decenas de millones de ortodoxos rusos obedientes y fieles es un sacrificio más de las iglesias apostólicas particulares de Cristo.

Pío XI estableció el Russicum, el Colegio Pontificio Ruso, en Roma con el propósito de preparar a los jesuitas que irían a ayudar a Rusia. Les respuesta fue tremenda en cuanto vinieron jesuitas de Inglaterra, Bélgica, Francia, los Estados Unidos, etc. para entrenarse en el Russicum. Entre las nuevas vocaciones estaba Walter Ciszek.

Nacido en Shenandoah (Estado de Pennsylvania), en 1904, el P. Ciszek fue el único jesuita estadounidense que respondió al llamado de Pío XII y que regresó vivo de la Unión Soviética. Estuvo prisionero por casi 23 años —cinco en la infame prisión de Lubianka en Moscú y diez en un archipiélago gulag más al norte en Siberia. Unos ocho años adicionales lo econtraron al P. Ciszek restringido por el comunismo ateo a las ciudades de Norilsk, Dudinka, Krasnoyarsk y Abakan. El viaje del P. Ciszek puede leers en dos libros “With God in Russia” y “He Leadeth Me”; el primero (Con Dios en Rusia) detalla su primera travesía y posterior viaje espiritual. Los viajes del P. Ciszek son, ellos mismos, la historia de lo que un hombre hizo para asistir a miles de ortodoxos rusos en las horas más oscuras. Doce años después de la muerte en 1984 del P. Ciszek, se enviaron a Roma los papeles de la causa de canonización. Esos documentos habían sido preparados por la Universidad de Scranton y los monasterios carmelitas bizantinos de Sugarloaf y Shenandoah. Tuve el honor de hospedar al P. Ciszek durante una gira de 30 conferencias por el sur de California en 1964, dos años después de que el presidente John F. Kennedy intercambiara a un espía soviético por el P. Ciszek. Se hizo evidente porqué su causa de canonización ha alcanzado Roma.

El P. Ciszek es un ejemplo heroico del acto fraternal que la Iglesia Romana extendió hacia la Iglesia Ortodoxa. La Iglesia Ortodoxa Rusa, en menos de 800 años, se convirtió en la más grande iglesia ortodoxa del mundo. Sus 54.000 iglesias, 550 monasterios, 450 conventos, 61 seminarios y 41.000 escuelas religiosas ilustran la profundidad y aspiraciones de la Fe en la Madre Rusia antes de la revolución comunista atea. Que menos de 500 comunistas fanáticos tuvieran éxito en subvertir toda una nación profundamente cristiana, es una lección para recordar. Décadas de pobreza, desempleo, diferencias de clase y conducción nacional mal dirigida convirtieron a la nación en una fácil presa de la revolución. La historia de la Rusia del siglo XX es el estudio de todas las naciones que se posicionan por la tiranía.

El gesto de Pío XI de enviar su pelotón de marines, los jesuitas, a Rusia en los ’30 para ayudar a la Iglesia Ortodoxa Rusa a sobrevivir en su hora de mayor necesidad es significativo porque estos valerosos soldados modernos de Cristo sólo tenían un objetivo: ayudar a sus hermanos cristianos. Aunque haya sido un pequeño pelotón de sacerdotes, el gesto es invalorable.

En 1945 los soviéticos comenzaron oficialmente a poner fin a la Iglesia Bizantina Católica de Rusyn en Checoslovaquia. Los sacerdotes católicos fueron asesinados, incluyen el obispo Theodore G. Romzha que, contradiciendo las órdenes soviéticas de 1945, continuó dirigiendo y sirviendo abiertamente a su gente. Los archivos secretos de Nikita Khrushchev revelan que él personalmente ordenó el envenenamiento de este valiente líder religioso de los bizantinos católicos de Rusyn. Los obispos bizantinos católicos de Rusyn, Theodore G. Romzha, Vasil Hopko y Pavel P. Gojdich fueron declarados mártires y beatificados el 27 de junio de 2001 por el papa Juan Pablo II. Los restantes sacerdotes bizantinos católicos de Rusyn obedientes y fieles tuvieron que exiliarse. Algunos se mantuvieron activos en la clandestinidad, pero muy pocos sobrevivieron para atestiguar una de las reconstrucciones más importante de los tiempos modernos unas décadas después.

Los bizantinos católicos de Rusyn son conocidos como rutenos por la Iglesia Católica y son una de las nueve iglesias católicas bizantinas sui iuris (autárquicas) de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Los soviéticos transfirieron los edificios de la Iglesia Bizantina Católica de Rusyn a la Iglesia Ortodoxa local y el edificio del histórico seminario de Uzhorod (hoy en Podkarpatska Rus Oblast, Ucrania) fue convertido en una depósito. Hoy, en Eslovaquia, casi todas las parroquias se han recuperado, los seminarios reconstruidos están llenos y cada parroquia tiene al menos un sacerdote. De hecho, por cada seminarista en Presov, Eslovaquia (y en Uzhorod, Ucrania), hay dos candidatos esperando a ser admitidos.

Hoy, la Iglesia Ortodoxa Rusa también está atravesando por un período de renacimiento. Los edificios eclesiásticos están siendo restaurados y los seminarios, monasterios, conventos y escuelas religiosas aumentan su número constantemente. Los sacerdotes diocesanos son ordenados en grandes cantidades. La tragedia es que los rusos han perdido más de tres generaciones (70 años) de enseñanza cristiana y el camino está cruzado de obstáculos pesados—pobreza, empleo en negro, codicia empresarial e importantes diferencias de clase entre los ricos y los pobres. La vida en la Rusia de hoy está llena del aura anterior a 1917.

La esperanza real de la Madre Rusia está en la Iglesia Ortodoxa Rusa y su capacidad de enseñanza. Todo acto concebible de asistencia a la Iglesia Ortodoxa es un deber. La Iglesia Ortodoxa Rusa alcanza a las iglesias rusas de la diáspora, cuyos miembros se cuentan en millones y continúan con una fuerte alianza con las otras iglesias ortodoxas. El futuro de la Iglesia Ortodoxa Rusa es brillante en cuanto las alianzas actuales son una oportunidad de crecimiento.

Desafortunadamente, la Iglesia Católica Romana no está en posición de proveer asistencia material, amenazada como está por la falta de sacerdotes, los déficits financieros (tal como los cientos de millones de dólares perdidos en las casos de pedofilia), la tendencia decreciente de la Europa católica, etc. Muchas de las otras iglesias ortodoxas están con demasiadas dificultades financieras como para asistir. Adicionalmente, las iglesias no apostólicas invaden Rusia con ofertas de apoyo, aunque poseen sus propios planes. El cristianismo dividido es un cristianismo débil.

El principal apoyo que las otras iglesias ortodoxas y la Iglesia Romana pueden ofrecer es una alianza. Una alianza entre Roma y Constantinopla proporciona el potencial para un crecimiento mundial en fuerza que se oponga a todas las opresiones, especialmente en Medio Oriente.

Actualmente, la falta de una alianza mundial de la Iglesia es la causa raigal de la incapacidad para oponerse con fuerza a los males del hombre. La fuerza en los números es el garrote que advertiría a otros que busquen oprimir a sus fieles por la fuerza. Los católicos y ortodoxos, divididos por un milenio, han visto en ese tiempo una oposición creciente y de fanatismos variados. La fuerza de nuestra Fe cristiana es la capacidad de ser obediente y fiel para rezar juntos y cooperar entre nosotros para oponernos al mal.

La Iglesia Ortodoxa Rusa, como la más grande de las iglesias ortodoxas, está posicionada como para ser instrumental en la alianza entre los romanos y los ortodoxos. Su existencia obediente y fiel es un verdadero ejemplo heroico del seguimiento de las instrucciones de Cristo. La Madre Rusia es un vasto espacio de tierra con un desafío de increíbles proporciones, y la Iglesia Ortodoxa Rusa proveerá la fuerza y la voluntad para reconvertir la nación.

Las otras iglesias ortodoxas y la Iglesia Romana de alguna forma deben asistir a la Iglesia Ortodoxa Rusa en sus desafíos. Roma y Constantinopla están ambas al tanto de la importancia significativa de la Iglesia Ortodoxa Rusa y apoyan pacientemente la renovación desde las profundidades de la crueldad arrojada sobre Rusia por los comunistas ateos. Rusia es fuerte debido a su Iglesia Ortodoxa, y allí subyace el futuro de la Madre Rusia. Un pueblo con una gran historia de supervivencia y un pueblo con una increíble potencial voluntad de influencia al mundo por medio de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

FINIS




Bellísimo iconostasio de la
Catedral Católica de Rito Bizantino en Uzhorod (Ucrania).
[Fuente: fotos en Flickr de Grkat.net]

--> Leer...

martes, 21 de abril de 2009

Nolite timere pusillus grex

Si bien comenzamos esta bitácora hace ya un tiempo, es evidente para quien ha seguido nuestras entradas en la misma, que recién remontó vuelo hace cosa de un mes luego de algunos cambios estéticos y funcionales, y, lo que es más significativo, luego de meses de meditar algunas cuestiones.

Desde que comenzamos a buscar altura en este viaje, y mientras tratamos de alcanzar velocidad de crucero, nos alegra el acompañamiento, lento pero constante, de lectores; a quienes, desde ya, agradecemos, al tiempo que nos entregamos a su benevolencia. La mayoría de éstos, nos esperanzamos, provienen del Argentino Reyno y de nuestra madre patria allende el Atlántico, esas Españas peninsulares por las que —al decir del Padre Castañeda— “somos gente”.

Españas plurales, “donde no se ponía el sol”, que eran como la prolongación de la Cristiandad en el Nuevo Mundo y el sostén de ésta en el Viejo. Y por eso fue atacada con el mayor de los odios, no sólo desde fuera, sino —y lo que es peor— desde dentro, por esa “damajuana de caña en una jaula de monos” (Castellani dixit) que fue (que es) el liberalismo. Liberalismo que primero nos despojó de nuestra unidad, destrozando las esperanzas de lo que pudo haber sido, y luego nos vendió barato a las fuerzas de la Revolución mundial anticristiana.

Y mientras la sombra de Mordor se extiende sobre la Tierra Media y la tormenta parece hacerse inminente, nos echamos al monte como los matiners carlistas, nos internamos en la jungla camboyana, nos fugamos a la frontera pampeana como Fierro y Cruz, nos alojamos en las catacumbas como la pequeña Severa… al menos de manera mística e interior, mientras nos preparamos para cuando debamos hacerlo de forma corpórea y exterior.

Nuestro reducto final, nuestro último baluarte, no es otro que el de los altares y los hogares, el viejo lema ciceronianopro aris et focis”. La patria, como gran hogar, tierra de los abuelos (terra patrum) y los nietos, rodeada por el mundialismo atomizante que, como moderno lecho de Procusto de formas tan elaboradas y complejas como siniestras, pretende conformar una legión de consumidores esclavos a su servicio. Por su parte, La Iglesia, sobre la que se dictó el eterno non praevalebunt, pero que, sino su altar, —como enseñaba Castellani— verá su atrio profanado, desde fuera por las turbas enardecidas en busca de su chivo expiatorio y desde dentro por los Judas contemporáneos que pretenden regalárselo. Y todos ellos —como explica René Girard— creerán estar haciendo un bien…

En fin, la familia en cuanto es la iglesia doméstica y la pequeña patria, es la Minas Tirith sitiada por el Señor Oscuro y sus secuaces desatados tras la caída del katejón. Cada vez es más evidente que la vía política nos está vedada (nos faltan completamente los medios económicos, mediáticos, propagandísticos y, hasta, humanos para alcanzar el poder). Cada vez más, la sociedad, como un todo, se está impermeabilizando ante nuestra prédica (preocupada en la satisfacción de su hedonismo material, sexual e, incluso, psicológico y espiritual). La Iglesia misma, una parte importante de ella (obispos, sacerdotes y laicos practicantes), no nos entiende, como si hablásemos una lengua desconocida; preocupada por el consenso, el diálogo, los valores, la democracia, etc. parece haber perdido de vista los principios eternos que debería predicar. Creemos que es ésta, la del hogar —no un hogar ideal, abstracto o general, sino el nuestro, éste y ahora—, la última trinchera antes del fin. Y el Enemigo lo sabe y por eso la ataca como lo hace, con todas las armas de la cultura de la muerte —aunque esto no es nuevo.

Decía, más o menos, Joseph de Maistre que, desde el hecho de la Revolución, debíamos “re-aprender” a ser tradicionales. Lo que antes era intuitivo; lo que antes sabíamos de nuestros padres y abuelos; lo que antes respirábamos en el ambiente; hoy, debemos estudiarlo, meditarlo, contemplarlo y transmitirlo. Creo que ya no nos alcanza solo con los grandes textos contrarrevolucionarios y tradicionalistas del pasado, hoy necesitamos “re-aprender” a ser buenos padres, esposos, hermanos, hijos y amigos, en Cristo y María; a la vez que astutos defensores del hogar en que Dios nos ha insertado. Y, desde allí, quizá, si Dios quiere, reconquistar algunos espacios públicos más o menos pequeños para Cristo. Necesitamos ser como los “últimos de Filipinas”, como esos soldados japoneses que a 30 años de terminada la Segunda Guerra seguían atrincherados en defensa de su emperador... En fin, como esos vietnamitas, yanquis y camboyanos de Apocapypse Now.

Creemos, como un extraordinario artículo que leímos una vez, que

Dios confió a la humanidad el cuidado de su Iglesia en este mundo hasta la Parusía. Es construyéndola en el territorio del Enemigo que participamos en la acción de la Providencia en la historia, y que nos santificamos. Dios ciertamente puede asistirnos de maneras extraordinarias; la notable vigorosidad de la Iglesia en algunos momentos sólo se puede explicar por intervención divina. Pero nada en justicia, exige a Dios darnos un nuevo grupo de santos, héroes y sabios para arreglar todas las cosas como si nada. Cuando la Iglesia necesita santos, héroes y sabios, no tiene a nadie más que a nosotros. Y la mayoría de nosotros estamos demasiado malditamente orgullosos de nuestra falsa humildad para aunque sea intentar la santidad heroica.


El estado de la vida cristiana hoy, como siempre, es el de rezar entre ruinas; de rastrillar entre los escombros de una iglesia largamente destruida en busca de pedazos que podamos reconocer; en asirnos a ellos y atesorarlos de una manera que los hombres que los disfrutaron en su esplendor nunca hicieron. Venerar estos pedazos de escombros, y estudiarlos para darnos una idea de la forma en que encajaron y el significado que alguna vez tuvieron. Inducir lo que podamos de los olvidados métodos de construcción y el lenguaje del simbolismo también olvidado, y reconstruir lo que podamos en el tiempo que se nos da. Construir algo bello para Dios, de modo que el recuerdo de la antigua fe pueda sobrevivir para la próxima generación, hasta que las fuerzas del mal destruyan, quemen y sepulten nuestras construcciones.


Y hacer esto creyendo, a pesar de toda tentación para desesperarse, que la victoria ya se ha ganado, y que la liberación está cerca. Nos ha sido dada la tarea de modo que en ella podamos encontrar nuestro propósito, nuestro gozo y nuestra santidad. Y perseverando, heredaremos un nuevo cielo y una nueva tierra, en la cual construir en forma permanente lo que hemos construido en pobre imitación en este mundo roto.*


Placa del siglo XII que representa a Hugo de Vaudemont y su esposa Ana. Cuenta la historia que el conde Hugo partió a las Cruzadas y allí fue tomado prisionero por los sarracenos. Toda su familia lo dio por muerto, excepto su esposa, Ana de Lorena quien lo esperó durante 16 devotos años. Al regreso del cruzado, su mandó realizar esta placa conmemorativa que aún puede verse en la iglesia franciscana de Nancy.



--> Leer...

Máel Máedóc Ua Morgair

Un lindo artículo en el más lindo aún blog "Tea at Trianon" de María Elena Vidal, mal traducido por mí.

San Malaquías y el padre René Thibaut

"Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor
un día es como mil años y, mil años, como un día." 2 Pe 3:8

" En cuanto a ese día y esa hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre." Mt 24:36

Luego de que compartí algunas reflexiones acerca de la famosa “Profecía de San Malaquías” hace un mes más o menos (ver Las Profecías de San Malaquías, Parte 1 y Parte 2) un lector me envío un libro intitulado La Mystérieuse prophétie des papes por el P. René Thibaut, S.J. (Liège: Bibliothèque de la Faculté de philosophie et lettres,1951, Imprimatur: June 28, 1945, Et. Jos. Carton de Wiart). El P. Thibaut (1883-1952) fue un jesuita y académico belga que realiz
e un studio de la lista de los papas atribuida a San Malaquías. La investigación del P. Thibaut revela que existe más acerca de la profecía de lo que yo imaginaba. Es un tratado penetrante en el que, debido al vasto conocimiento del autor acerca de la Historia de la Iglesia y la Sagrada Escritura, tanto informa como inspira. El centro del libro está dedicado a unos cuadros que trazan la fecha de la Pascua a lo largo de los años, y los años bisiestos, así como varias cifras, anagramas y acrósticos con los cuales, el P. Thibaut demuestra, la lista de los Papas está imbuida. El análisis del P. Thibaut se hace complejo en el punto donde explica sus
conclusiones con claridad.

El P. Thibaut sostiene que la Profecía de los Papas es una profecía genuina. Sin embargo, la identidad del profeta real no está clara. El autor de la Profecía probablemente no es San Malaquías sino alguien que escribió bajo el nombre del gran santo irlandés con el fin de honrarlo (p.7). El P. Thibaut insiste que la Profecía no tiene como fin preocupar o turbar sino reasegurar a los fieles acerca de la Providencia de Dios inclusive durante los tiempos más dificultos. Es una suerte de litanía que celebra la Gloria y el triunfo de la Iglesia a lo largo de las edades bajo la guía de los romanos pontífices (p.24). Fue un error de las gentes del pasado (y el presente) usar la lista de los papas para predecir quién sera el nuevo
papa, ya que esa nunca fue la intención del autor original (p.20). Tampoco lo es predecir el inminente fin del mundo, porque el "día y esa hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre" (Mt 24:36).

Según el P. Thibaut, el legado papal Nicholas Sanders (1530-1581) es quien puede haber llevado el documento primitive que contenía la Profecía a Roma durante el reinado de San Pío V. Sanders pasó mucho tiempo en Irlanda, que seguía siendo católica a pesar de Isabel I. Sanders escribió De visibili Monarchia Ecclesiae en donde establece que los reinados de los papas son la mejor “medida del tiempo” (pp. 23-24). El P. Thibaut cree que la Profecía, que ev
entualmente se hace pública gracias a Wion en 1595, tiene características que señalan a un documento antiguo de origen céltico, debido principalmente al uso de las palabras y las letras en los diversos anagramas y acrósticos (p.92). Leyendo la explicación del P. Thibaut acerca de los complejos esquemas de palabras y números que contiene la lista me recuerda lo intrincado del nudo celta en los trabajos pictóricos del Libro de Kells y de otros manuscritos irlandeses iluminados, si bien lo intrincado está en los números y letras más que en el diseño.

De los 111 títulos que describen a todos los pa
pas y antipapas desde 1143 al presente, el P. Thibaut dice que, mientras los primeros 71 títulos pueden haber estado sujetos al sabotaje de algún falsificador, los últimos 40, que cubren los años entre 1572 y 2012, están intactos. La fecha 2012 es repetidamente enfatizada como coincidente con el último papa de la lista, llamado la “Gloria del Olivo”. El P. Thibaut demuestra el cálculo del año 2012 en una serie de cuadros. Los últimos 40 papas de la parte genuina de la profecía duran cuatro siglo con un promedio de 11 años de reinado, y de ese modo calcula 440 años desde 1572. 1572 +440 =2012 (pp. 22-23). El P. Thibaut demuestras cómo el año 2012 aparece en otros cálculos. Insiste también que será s
ólo en el año 2012 que se hará patente si esta interpretación de la Profecía es correcta o no (p.101).

El P. Thibaut dice que 2012 significa el final de una era en la historia de la Iglesia, recordando cómo otras eras han aparecido y pasado. La destrucción de Jerusalén en el año 70 después de Cristo marca el cierre de una era, así como la caída de Roma en el siglo V. El siglo XV vio el final de la Cristiandad medieval con la Reforma (p.22). Las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, así como las Guerras Mundiales del XX, fueron eventos que manifestaron el juicio de Dios, así como signos de cambios para la Iglesia y el mundo (pp. 88, 92, 96). A lo largo de tales etapas, la Iglesia fue guiada por los sucesores de San Pedro (p. 22).

Hablando de San Pedro, la lista concluye con la siguiente frase: “En la persecución final de la Santa Iglesia Romana reinará Pedro el Romano, que alimentará a su rebaño en medio de tribulaciones, luego de lo cual la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez temible juzgará las naciones”. El P. Thibaut explica cómo “Pedro el Romano” no significa hablar de un papa que se haga llamar “Papa Pedro II” sino que Petrus Romanus simboliza a todos los romanos pontífices desde San Pedro, ya que la Iglesia ha atravesado persecuciones de alguna clase continuamente (p.25). La destrucción de Roma no necesariamente vendrá inmediatamente luego del fin de la era en 2012, sino que puede venir un tiempo después (p.21). Sin embargo, el P. Thibaut infiere que no es impensable que en algún punto en el futuro los Papas puedan cambiar su residencia y gober
nar la Iglesia desde algún lugar distinto a la ciudad de Roma (p.22).

El último papa en la lista recibe el título Gloriae olivae, “La Gloria del Olivo”. El P. Thibaut dice que el olivo representa al pueblo de Dios que glorifican Su juicio (p.97). una vez más, el P. Thibaut insiste en que la Profecía es genuina dado que en los últimos 400 años los títulos han descripto con precisión al papa y su reinado, demasiadas veces siendo mera casualidad. Esto es discutido en gran detalle y tal vez será el tema de futuras entradas en esta bitácora. (Hacer justicia totalmente a un trabajo tan exhaustivo está más allá del alcance

de uno o dos artículos de blog.) El P. Thibaut finaliza diciendo: L'année 2012 dira si, oui ou non, le prophête a vu clair (p.101). Eso queda por verse.

Detalle de un mosaico de San Malaquías
en la iglesia del santo en Dundalk
(Condado de Louth, Irlanda),
adjunta a un convento dominico.

--> Leer...

lunes, 20 de abril de 2009

Una defensa de las guerras culturales: Un llamado a la contrarrevolución

por Peter Kreeft

¿Cuál es el problema? El problema es “pelear el buen combate”.

¿Combate? ¿Qué combate? ¿Estamos en guerra? Si, estamos en guerra. Y si todavía no te has advertido, lo más importante que puede hacer por ti este capítulo es alertarte de ese hecho.

El enemigo no es gente. Los enemigos no son los humanos, sino la deshumanización: la espectacular declinación social, cultural y sobre todo moral sin duda y la decadencia que nuestra sociedad ha estado sufriendo por décadas.

Una generación atrás, los cinco problemas más molestos en los secundarios estadounidenses según las encuestas que recogían las quejas eran:
- falta de respeto por la propiedad;
- vagancia, no hacer las tareas;
- hablar y no prestar atención en clase;
- lanzar chicles, y
- dejar las puertas y ventanas abiertas.
¿Suena esto como otro mundo? Lo es. La misma encuesta fue hecha otra vez hace pocos años. Los problemas más importantes en esos mismos secundarios eran ahora:
- miedo a la muerte violenta; armas de fuego y cuchillos en la escuela;
- violación;
- drogas;
- aborto, y
- quedar embarazada.
Las calles no son seguras. Las escuelas no son seguras. La sociedad no es segura. No es segura físicamente y no es segura moralmente.

Los padres hoy se sienten cada vez más atrapados y sin ayuda. El control sobre las vidas y felicidad de sus hijos parecen haber pasado a manos de una elite educacional cuya filosofía de vida es radicalmente diferente a la de los padres y que consiste frecuentemente en un vacío moral.

En esta guerra está en juego la próxima generación y el futuro de este país. No es una guerra entre generaciones o razas o partidos políticos o religiones o clases económicas. Es una guerra entre el bien y el mal.

Si amas a tus hijos o a tu país, debes elegir tu bando en esta guerra. La neutralidad no es una opción en tiempos de guerra. Ya que “lo único que se necesita para que el triunfo del mal es que los buenos no hagan algo” (Edmund Burke).

Existe una salvaje divergencia entre las creencias y los valores de la gente ordinaria y aquellos de la elite intelectual o del establishment educacional en nuestra sociedad (periodismo, educación y entretenimiento). Por ejemplo, de acuerdo con una encuesta de la Agencia Wirthlin en Baltimore, “mientras que casi todos los estadounidenses (mas del 90%) cree que es incorrecto engañar sexualmente al cónyuge, solo cerca de la mitad de la gente ligada a los medios estaba de acuerdo; mientras que cerca de la mitad de todos los estadounidenses concurren a servicios religiosos en forma regular, solo el 9% de la gente ligada a los medios lo hace; mientras que el 72% (80% según otras encuestas) de los estadounidenses creen que el aborto es de alguna manera algo malo y que debería ser restringido de alguna forma por la ley, solo el 3% de la gente de los medios creen de la misma forma”.

Lo que esta siendo ignorado en nuestra educación y degradado en nuestros entretenimientos son los valores morales que toda sociedad civilizada en la historia ha creído: cosas como la autodisciplina, el carácter, la lealtad, la familia, la civilidad, la cortesía, la caballerosidad, la femineidad y la misma idea de una verdad objetiva y unos valores objetivos. Los Estados Unidos nunca fueron una sociedad de santos, pero los valores morales eran al menos honrados y enseñados. Incluso si eran “honrados mas en el discurso que en la observancia”, al menos eran honrados. Pero ya no son honrados.

¿Qué podemos hacer nosotros? Hay respuestas. Pero para llegar del problema a la respuesta, debemos atravesar un análisis del problema. El diagnostico antes del tratamiento. El primer y más importante punto es que existe un problema desesperadamente serio y que una “guerra cultural” esta teniendo lugar.

A continuación, apuntaremos a algunos “focos” o campos de batalla específicos en esta guerra moral.

Luego, estableceremos algunos principios esenciales para una solución: la base moral sin la cual no podemos sobrevivir, los principios que están siendo abandonados actualmente y que debemos recuperar.

Finalmente, definiremos algunos pasos concretos y prácticos que podemos dar.

Si estás de acuerdo en que los Estados Unidos no están funcionando y querés saber por qué y cómo ayudar a repararlos, pro favor sigue leyendo.

1. ¿Cuáles son los campos de batalla?

a) La familia

Ésta no es una buena época para la familia, la base fundamental y el bloque de construcción de toda civilización.

En los Estados Unidos, la mitad de todos los matrimonios se quiebran, dejando cicatrices permanentes, devastadoras y claramente documentadas en las vidas y comportamiento de los hijos.

Las actitudes fundamentales hacia los hijos están cambiando. En todas las sociedades estables anteriores, los hijos eran considerados una bendición y el no tener hijos eran considerado una maldición. Hoy, la actitud es con frecuencia exactamente la opuesta.

El abuso infantil, el descuido, el abandono y el aborto todos tienen su origen fundamental en esta nueva “filosofía” que da derechos a los niños solo si estos niños son queridos. La violencia familiar, la violencia adolescente, el abuso infantil y el suicidio tienen un crecimiento espectacular. Las calles, las escuelas e incluso las casas ya no son seguras. Los asesinos hoy vienen en todas las edades, tan jóvenes como de diez años. El sentimiento de desesperanza se introduce en muchas familias urbanas y, crecientemente, también en las suburbanas.

La ruptura familiar es la causa empíricamente observable, estadísticamente documentada y conclusivamente comprobada de todos los males sociales, incluso los males económicos. Necesitamos leyes y políticas gubernamentales amigables hacia la familia que propaguen y recompensen a las familias en vez de las que hoy frecuentemente las dificultan y penalizan.

Las sociedades han sobrevivido con sistemas políticos muy malos y con economías muy malas, pero no sin familias fuertes. Las familias son a la sociedad lo que las células al cuerpo. La familia es el único lugar donde la mayoría de nosotros aprendemos la lección más importante de nuestras vidas: el amor desinteresado y el compromiso de por vida.

Recomiendo mucho leer el artículo más popular jamás publicado por el Atlantic Monthly, “Dan Quayle estaba en lo cierto”, por Barbara Whitehead (abril de 1993). El masivo silenciamiento de los medios hacia el recuerdo de sentido común de Quayle que las familias sin padres, como la de Murphy Brown, no son tan deseables como las familias con padres revelaba más acerca de los prejuicios de los medios que los de Quayle.

La idea tradicional de la familia –padre, madre e hijos, fieles y comprometidos entre ellos de por vida—no provino de Dan Quayle o de las series de TV de los ’50 sino de la naturaleza humana y del Dios que la diseñó. No podemos redefinir arbitrariamente la familia como si fuera una asociación voluntaria, incluyendo la de dos homosexuales. Esa definición reduce la familia a lo mismo que un club o un comité de acción política o un negocio.

b) Educación

La actual población en edad escolar es la primera generación en la historia estadounidense que está peor educada que la de sus padres (incluso aunque la suma de educación siga creciendo). La cantidad estádesplazando a la calidad.

El establishment educacional se opone en forma consistente a las recetas ya probadas y verdaderas para el éxito educacional, tanto las básicas (como las tres Rs) o las fónicas como los Grandes Libros, y continua con experimentos que fracasan, como el método de lectura “mira y di”, los condones para reducir el embarazo adolescente (que casi siempre han tenido el resultado opuesto) y ahora la “educación basada en resultados”, que sistemáticamente penaliza la excelencia y gradúa a los estudiantes según sentimientos “políticamente correctos”.

Los textos de historia han sido reescritos censurando casi toda mención de Dios y la religión. En esta historia revisionista, los peregrinos ya no vienen a América por libertad religiosa ni dan gracias a Dios en el Día de Acción de Gracias. Cada vez que los padres fundadores son citados, sus frecuentes referencias a Dios y la religión son extraídas. (Ver Paul Vitz, “Censura: Evidencia de prejuicios en los textos de nuestros hijos”.)

Incluso textos antiguos han sido revisados para hacerlos más atractivos al establishment educacional de centro izquierda. El Wall Street Journal describe la nueva revisión del texto de instrucción cívica “La nación americana” (publicado por primera vez en 1950) como “un gran paso atrás, un caso de estupidez niveladora y revisionista en busca de una audiencia mayor”. En estos textos, nos encontramos con Murphy Brown teniendo un bebé y aprendemos que “muchos estadounidenses estaban abandonando la idea de que el matrimonio era necesariamente un compromiso para toda la vida”.

La Suprema Corte ha fallado que es ilegal desplegar los Diez Mandamientos en las escuelas públicas. (Ya que los niños pueden ser influenciados en forma religiosa; ¡incluso podrían obedecerlos!) ¡Aunque los Diez Mandamientos siguen cincelados en la fachada del edificio de la Suprema Corte donde esta fallo se pronunció!

No es legal para una escuela invocar a Dios en los actos escolares. Pero la blasfemia –tomar el nombre de Dios en vano—es protegida. De ese modo es legal desobedecer el Segundo Mandamiento, pero ilegal obedecerlo.

Las Biblias no pueden usarse en actividades de cualquier escuela pública. Pero los condones son entregados en forma gratuita. El mensaje es bastante obvio para todos los niños; sólo los “expertos” pueden perderse ése.

(Al margen, la misma organización Planned Parenthood estima que entre cien parejas que usan condones, habrá catorce embarazos por año. Con tal porcentaje de fallos contra el embarazo y una mayor tasa de fallas contra el SIDA [cuyo virus es mucho más pequeño y no tiene un periodo “seguro”], los condones son tan efectivos contra el SIDA como un revolver de cuatro cámaras en vez de uno de seis al jugar la ruleta rusa. Aun así los condones son etiquetados como “sexo seguro”. Así es la estima que tienen algunos educadores acerca de la vida de tus hijos.)

John Stuart Mill escribió, “la educación es demasiado importante para dejarla en manos del Estado”. La educación pública está desapareciendo; la educación estatal la está reemplazando. Una escuela verdaderamente pública estaría en manos del público, esto es, de los padres, para empezar. Pero nuestras escuelas públicas de hoy se están convirtiendo más y más en los instrumentos ideológicos de una elite educaciones que simplemente no respeta a los padres ni sus valores. Si duda de esto, solo intenta juntar a algunos padres para investigar e inquirir sobre el nuevo programa de educación sexual de tus hijos y nota la reacción de los establishments educacional y de los medios.

En conclusión: ¿De quién son las escuelas?

c) Los medios

Los Estados Unidos son una sociedad elitista, una sociedad de dos culturas: la gente ordinaria y “los expertos”. La vasta mayoria de la gente aun cree en:
- la familia,
- la fidelidad (ya que sin ella las familias fracasan),
- la moral (sobre la que se asienta la fidelidad) y
- la religión (sobre la que se asienta la moral).
Pero nuestro establishment de los medios incesantemente hace propaganda contra estas cuatro cosas, a las que odia y teme. Incluso una encuesta por el izquierdista Los Angeles Times en 1992 probaba la existencia de un prejuicio de los medios masivos contra los valores tradicionales, especialmente las familias, la fidelidad, la moral y la religión.

Los periodistas simplemente no reportan publicidad en contra de “su lado”. Cualquier desafio a la izquierda es etiquetada como “extremismo de derecha” o “derecha religiosa”, incluso posiciones siempre etiquetadas como moderadas en el pasado. Los principales diarios rutinariamente falsifican estadisticas. El número de muertes anuales por abortos ilegales fue arbitrariamente fijado en cien mil, cuando la cifra real era de no más de dos mil. Los números en marchas abortistas son duplicados; los números en las marchas pro vida son reducidas a la mitad o ignoradas. Los homosexuales son supuestamente el 10% de la población (cifra que frecuentemente era citada), cuando la cifra real es del 2 o 3%. Una vez comprobada su falsedad, las cifras son abandonadas. Los candidatos políticos que no son “políticamente correctos” son ignorados hasta decir algo comprometido. El lenguaje es deliberadamente rebajado como forma de hacer politica. Cualquier idea que contradiga la ortodoxia mediatica es etiquetada como “de extrema derecha”. (¿Qué tan frecuente es leer la frase “de extrema izquierda”?)

d) Libertad personal y económica y autodeterminación

Una de las quejas permanentes de los ciudadanos de hoy es la indefensión. La vida no es tan buena como era, y no hay nada que alguien pueda hacer para solucionarlo.

Pocas familias sienten que pueden sobrevivir con un solo ingreso en la actualidad. Para muchos individuos, la ética del trabajo ya no funciona: la voluntad de trabajar duro ya no garantiza trabajo o seguridad. Para muchos, los Estados Unidos ya no son “la tierra de las oportunidades”. La clase media se siente estrujada en ambos frentes. Los números y los porcentajes de la seguridad social siguen creciendo. Hay más y más madres solteras –las que encuentran cada vez más difícil sobrevivir. Las pequeñas empresas independientes están quebrando, dejando el estado o el país, o entregando su independencia. Tenemos cada vez menos control sobre nuestros ingresos.

El problema no es que no seamos lo suficientemente ricos sino que no somos los suficientemente libres. No libres para caminar nuestras calles o confiar en nuestras instituciones. La gente se siente atrapada en una vaga red llamada “el sistema” o “la forma en que son las cosas” o “la sociedad moderna”. El sentimiento es el de una pérdida de control. Los Estados Unidos ya no se sienten como nuestro país.

Nuestro tiempo con nuestros hijos es continuamente recortado. Nuestro sentido de comunidad está volviéndose más tenue, basado más en una ideología que en los patios traseros. Los padres sienten impotencia y que pierden el control sobre sus propias familias. La gente ordinaria no parece estar controlando la vida de esta “democracia”, que se mueve en la dirección señalada por una arrogante oligarquía de “expertos” que en su mayoría no son electos ni responsables ante la gente.

e) Las drogas y la violencia

Nada puede debilitar ni destruir una familia en forma tan rápida y trágica como la droga. Pero solo las familias fuertes pueden mantener a sus hijos alejados de las drogas. Lo mismo puede decirse de la violencia: la violencia debilita las familias, y solo familias fuertes pueden enfrentarla.

Nadie defiende la droga o la violencia. Pero ¿cómo podemos ganar la guerra contra ellas? Muchos “expertos” dicen que la “guerra contra las drogas” está definitivamente perdida. Algunos (tanto en la derecha como en la izquierda) llaman a legalizar las drogas, de modo que tu adolescente pueda ir al negocio de la esquina y comprar drogas en forma tan fácil como compra helado.

Esta capitulación esta conectada con el sentimiento presente de indefensión mencionado antes, especialmente en nuestras ciudades. La indefensión es tanto una causa como un efecto del uso de drogas. Cuando piensas que no tienes nada que perder, ¿por qué no hacer cualquier cosa?

Los criminales violentos son sacados de la calle para continuar su violencia. Los criminales son comúnmente defendidos más concientemente que sus victimas. Las victimas de violación son obligadas a sufrir más que su violador. El criminal es visto como una victima, un paciente más que un agente. En otras palabras, la filosofía legal prevaleciente es una simple y chocante negación de la responsabilidad moral individual.

Quitar las armas es un pobre sustituto de quitar las motivaciones violentas. Cambia las circunstancias físicas pero no cambia las mentes.

La habilidad de nuestra sociedad para tolerar la violencia es un síntoma de una enfermedad moral subyacente maas profunda: la insensibilidad moral. Nos hemos desensibilizado. Mucho de la violencia y el crimen comienza tan pronto como los juegos de niños, las historietas y los video juegos nos enseñan a usar la fuerza como forma de resolver el conflicto. No nos sorprendemos cuando un adolescente, que en forma típica ha visto quince mil asesinatos, violaciones y golpizas brutales en la TV y ha visto este tipo de comportamiento propagado e idealizado por la “música” rap, se hace violento.

Necesitamos recuperar el escándalo moral. El escándalo es la única respuesta apropiada frente a lo escandaloso. El simple disgusto o la desaprobación no son suficientes.

Es tiempo de recuperar nuestras ciudades, nuestras calles, nuestras escuelas y nuestros hijos. Es tiempo de trazar una linea en la arena y decir “¡basta!”

f) El aborto

Incluso gente que se identifica como “pro elección”, como el presidente Clinton, dicen que quieren reducir el número de abortos. Esto significa que ellos, también, asumen que el aborto es malo, ya que nadie quiere reducir el número de algo bueno. ¡Con seguridad el asesinato deliberado de niños por nacer no es algo bueno!

La mayoría de los estadounidenses no negarán que el aborto es al menos una tragedia moral. Pero es más que eso. Es un acto bárbaro que degrada la civilización.

Las encuestas repetidamente muestran que la mayoría de los estadounidenses son ignorantes respecto de los hechos básicos acerca del aborto:
- el hecho de Roe vs. Wade no restringió los abortos, sino que ahora cualquier mujer en los Estados Unidos puede hacerse un aborto por cualquier razón (incluso por selección del sexo: querer un niño, entonces abortar una niña) en cualquier momento;
- el hecho de que las clínicas abortistas no están legalmente sujetas a los mismos estándares restrictivos sanitarios y de seguridad que todas las otras instalaciones médicas;
- que el movimiento anti aborto es mucho mayor que lo que era el movimiento de los derechos civiles en los ’60, en cuanto al número de participantes como al de presos, pero los medios simplemente ocultan estos hechos;
- que una gran mayoría de la mujeres que han tenido abortos dicen que se lamentan y desean no haberlo hecho nunca;
- que el trauma post-aborto es común y devastador; que la mayoría de las mujeres que abortan –según su propia admisión—no creen que su “feto” era “solo papel tissue” o “solo vida potencial” sino que creen que mataron a su hijo; y que este sentido de culpa las persigue por el resto de su vida si no pueden tratar con él.
Pero estos hechos son negados o censurados por un total silencio de los medios.

El aborto divide la familia de una forma literal y letal. Literalmente separa a la madre y su hijo. Y desensibiliza de modo grosero. Estamos comenzando a ver el siguiente escalon en nuestra “cultura de la muerte” –el suicidio legal y la eutanasia. El mismo principio que justifica matar en un extremo de la vida justifica matar en el otro: nos desharemos de gente indeseada.

g) La sexualidad de los niños

En algunas ciudades, la mitad de los niños de diez años son sexualmente activos. Mientras tanto, ¡los programas de educación sexual que promueven la abstinencia son prohibidos por los jueces federales por “religiosos” (incluso si nunca mencionan a Dios o la religión)! Nadie se atreve ya a hablar de “pureza sexual”. Aunque es un hecho médico que la única garantía real de sexo seguro contra el SIDA (esto es, contra la muerte) es la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad luego. ¿Hemos llegado al punto donde enseñar la virtud es ilegal y donde solo el vicio mortal es legalmente protegido?

Hemos llegado al punto donde la virtud sexual ya no es meramente materia de propiedad o aceptación social; es hoy materia de supervivencia física y psicológica, especialmente para el vasto número creciente de niños que son sexualmente abusados y mujeres que son abandonadas, golpeadas o violadas por hombres que viven la misma “revolución sexual”. Necesitamos una contrarrevolución.

No necesitamos volver al “victorianismo”. Ni necesitamos oponernos a la educación sexual en sí misma, pero necesitamos oponernos oponernos a la idea de que el sexo está exento de las reglas morales que admitimos en todas las otras áreas de la vida –reglas acerca de no herir a otras personas, acerca de mantener las promesas y acerca de controlar nuestros instintos. (¿Qué otro instinto obtiene un derecho absoluto a la auto-expresión?

Necesitamos una vez más estar de acuerdo con Moisés, Jesús, Mahoma, Confucio y todas las sociedades estables y exitosas de la historia en que el sexo pertenece al matrimonio, la monogamia y la fidelidad; que el sexo es para la vida, no solo por diversión; que el incentivo del instinto sexual y su separación de la familia no es una condición necesaria de estabilidad social y felicidad humana a largo plazo. La alternativa es el caos que vemos a nuestro alrededor, casi todo directamente vinculable a la ruptura de la familia y la “revolución sexual”, esto es, el sexo como explotación y la hipocresía “liberal” que fuerza a todos aquellos que no pueden pagar una escuela privada a enviar a sus hijos a las escuelas públicas para ser sistemáticamente seducidos en la pérdida de su moral.

Demasiados educadores modernos ven la sexualidad de los niños como un derecho y a los padres como impedimentos para que los niños disfruten ese derecho. Más aun, celosamente creen que el Estado debe impedir a los padres que limiten a sus hijos en las prácticas y comportamientos sexuales. Los padres no se dan cuenta el extremo en que esto se ha convertido en una batalla ideológica.

Los padres no saben qué tan mal las cosas están en las escuelas porque los funcionarios escolares no los dejan. Y los medios no informarán sobre la pornografía que frecuentemente se enseña bajo la etiqueta de “educación sexual” incluso al ser descubierta y documentada por los padres.

2. Los principios morales y la sociedad

Salomón dijo, “donde no hay visión, la gente perece” (Prov. 29,18). Lo que falta más hoy es una buena visión de la vida buena. Si tuviésemos una filosofía moralmente sana de la vida, podríamos ver cómo todos nuestras enfermedades sociales están vinculadas por una debilidad fundamental de una visión del mundo y la vida que es escéptica, cínica, egoísta y materialista.

Por ejemplo, el principio común detrás del abuso infantil, el crimen violento y el aborto es el principio de responder a los problemas con la violencia. Sea en la casa, en las calles o en el vientre, la violencia es violencia.

El principio común detrás de los padres ausentes, las familias rotas, la tasa de divorcios del 50%, la difusión del SIDA, los abortos adolescentes y la entrega de condones a los niños como cura, todo es el principio de que el sexo irrestricto es nuestro derecho absoluto, más allá de las consecuencias humanas. La filosofía que ve el sexo como un producto para consumir a gusto realmente confunde el sexo con el dinero.

El principio común detrás del aborto, la distribución de condones y la liberación de violadores es una negación de la responsabilidad moral individual. El aborto significa rehusarse a ser responsable de un niño por nacer. La distribución de condones significa que no se espera que los jóvenes sean responsables de su conducta sexual –se espera que puedan decir No a fumar o a las drogas pero no al sexo. Y la liberación de violadores significa ver a “la sociedad”, no a los criminales, como la responsable del crimen.

Es erróneo juzgar en cuanto a las personas, pero es igualmente erróneo rehusar juzgar las acciones. De otro modo, tal relativismo moral es una receta infalible para el caos social. Debemos estar a favor de todos los seres humanos, pero debemos estar contra todo tipo de deshumanización.

Para hacer una mejor sociedad, necesitamos mejores políticas y planes, pero esto a su vez debe estar basado en mejores principios. He aquí un conjunto de muy viejos principios que han funcionada en el pasado. He aquí un conjunto de diez proposiciones que sintetizan lo que los judíos, los cristianos y los musulmanes –y los paganos racionales como Sócrates, Aristóteles y Cicerón—siempre creyeron sobre la moral.

No son unos Diez Mandamiento, un conjunto especifico de leyes. Son acerca del status de las leyes morales. El contenido especifico de la ley moral es materia de amplio acuerdo entre casi todas las culturas y religiones. La justicia, la caridad, el autocontrol, la sabiduría, el coraje, la lealtad, la honestidad y la responsabilidad son universalmente alabadas; y la injusticia, el odio, la violencia, la estupidez, la cobardía, la traición, la mentira, la lujuria, la codicia y la irresponsabilidad son universalmente rechazadas –al menos lo han sido hasta hace poco. (Después de todo, la lujuria, la codicia y la irresponsabilidad venden productos en forma muy efectiva. Un adicto tiene poca resistencia a las ventas.)

Las siguientes proposiciones acerca de la moral serían reconocidas con entusiasmo por Moisés, Salomón, Jesús, Mahoma, Sócrates, Confucio, Ghandi y Buda, así como por George Washington, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y Abraham Lincoln.

La moral es necesaria para la supervivencia de la sociedad. La alternativa es la barbarie, la decadencia y el caos.

La moral no es sectaria (religiosamente) o partidaria (políticamente). Es universalmente conocida y universalmente obligatoria. Todos conocemos en nuestros corazones lo que el bien y el mal son, y somos todos responsables por vivir de la forma que sabemos debemos vivir.

La moral es natural, o basada sobre la naturaleza humana. Existe una “ley natural (moral)”.

La moral se descubre, como las estrellas, no se inventa, como los juegos. No es hecho por el hombre, arbitrariamente, ni mudable. Sus leyes son intrínsecas a la naturaleza humana, como las leyes de la higiene son naturales al cuerpo o las leyes de la física a la naturaleza de la materia.

La moral libera, no reprime. Ya que es un conjunto de directivas que nos son dadas con el propósito de hacer a nuestra humana naturaleza florecer y ayudarnos a alcanzar todo nuestro potencial. Una ley como “no tome veneno” no es represiva contra tu salud: El veneno sí.

La moral exige esfuerzo. Como el amor, la moral es un trabajo, no un sentimiento. Es una lucha contra las fuerzas del mal en todos nosotros. Hoy se ha convertido en una lucha contra las fuerzas de nuestra cultura.

La moral da sentido, propósito y dirección a la vida. Es un mapa carretero. Sin un mapa, andamos sin sentido, desesperadamente.

La moral da a los seres humanos dignidad. Su base es el valor intrínseco de la persona humana. Nos manda amar a la gente y hacer uso de las cosas, no a usar a la gente y amar a las cosas. Las personas son fines, las cosas son medios.

La moral es razonable. No es ciega sino inteligente. Percibe la real diferencia entre las acciones y estilos de vida buenos y malos. “Discrimina”. (La discriminación de las personas en buenos o malos puede ser estúpida, pero la discriminación de los actos en buenos o malos es simplemente salud moral.) Somos una nación nacida en una lucha por la libertad, por eso continuamos valorando muy alto la libertad personal, y eso está bien. Pero no podemos tener libertad sin verdad. Un cirujano no puede liberarte de una enfermedad sin luz para operar, una radiografía correcta y un conocimiento de anatomía. El escepticismo moral es la muerte de la libertad.

La moral no es simplemente acerca de “libertades” y “derechos” sino acerca de deberes y responsabilidades. Victor Frankl dice que la Estatua de la Libertad en la Costa Este debería ser completada con la Estatua de la Responsabilidad en la Costa Oeste.

La moral no es legalista. Su esencia no es un conjunto de reglas sino una visión de la vida buena y la persona buena; no solo leyes sino también carácter. Ningún conjunto de reglas funcionara sin virtudes personales. La moral es acerca de cómo podemos ser héroes reales. Es acerca de cómo podemos reprobar en Vida a pesar de obtener las más altas notas en todos nuestros estudios.

3. ¿Qué podemos hacer?

¿Qué podemos hacer para ganar esta guerra? Mucho.

Podemos recuperar nuestro país y nuestras familias. Somos la mayoría. No hay razón por la que debamos sentarnos y dejarnos manejar por la minoría de los “expertos” del establishment. Podemos dar vuelta a la marea de decadencia en los Estados Unidos.

¿Cómo? Dos cosas son necesarias: las actitudes y las acciones. Las acciones solas no son suficientes; las actitudes vienen primero. Hacer todo lo correcto con la actitud errónea es autodestructivo. Por eso lo primero es inventariar nuestras actitudes. Ya que el espíritu con el que actuemos se estampara en nuestras acciones y sus resultados.

No debemos desesperarnos. La decadencia social no es inevitable. No somos máquinas; nosotros hacemos las máquinas y las reparamos. Podemos reparar los Estados Unidos por la misma razón que los hicimos: porque somos seres humanos libres, no máquinas sin sentido. Y podemos arreglarlos con los mismos principios morales con los que los diseñamos mas de tres siglos antes. Debemos creer que la guerra puede ser ganada. No somos pesimistas. La marea puede estar ya volviendo. La gente ordinaria está llegando al punto de decir “¡basta!” Por ejemplo, “simples” padres en Nueva York frenaron con éxito la burocracia escolar pública más grande de los Estados Unidos cuando ésta quiso imponerles su nuevo curso de propaganda de sodomía a los de los primeros grados (“El compañero [gay] de Papá” y “Heather tiene dos mamás [lesbianas]”), y a pesar del escándalo de los funcionarios escolares frente a la “interferencia” paterna. Debemos dejar de confiar en los “expertos”. Los Estados Unidos no es una nación de expertos, por los expertos y para los expertos; es una nación de la gente, por la gente y para la gente. Nuestros hijos no son las ratas de laboratorio de algún educador. Nuestro dinero no pertenece en primer lugar al Estado. Trabajamos para nosotros y nuestras familias, no para el Sistema o el Partido. Debemos resolver, por una decisión deliberada de la mente y la voluntad, regresar el control al pueblo, a donde pertenece.

Debemos amar, no odiar. Incluso si heridos y frustrados, no debemos odiar, porque el odio solo genera mas frustración y heridas. Solo el amor sana.

Debemos amar nuestro país, que está lastimado. Debemos amar a nuestros amigos y familias, que están lastimados. Ése debe ser nuestro motivo para actuar. Si lo es, ganaremos; si no, perderemos.

¿Qué acción? Los individuos y las familias deben elegir un área especifica de lo que más les preocupe, entonces deben involucrarse en concreto. He aquí algunas formas básicas de hacerlo:
Infórmate. Averigua más acerca de lo que está sucediendo en tus escuelas, en tu comunidad y en tu país. En una democracia, aquellos desinformados no tienen poder.

Involúcrate. Únete a organizaciones de apoyo –o comienza una. Únete a la línea del frente.

Participa en cambios sociales positivos. ¡Haz que suceda! No es para el Estado hacer la sociedad que debería ser, sino es para la gente.

Pasa la voz. Habla con tus amigos y vecinos. Escribe cartas a los diarios. Contribuye en los periódicos y boletines parroquiales. Para cualquier movimiento, la pluma es la primer arma.

Pon el ejemplo. Comportate del modo que el mundo pueda seguirte.

Da lo que puedas a una buena organización o movimiento que este “peleando el buen combate”. Puedes ofrecer dos cosas preciosas: tu dinero y tu tiempo. Tiempo para escribir cartas o armar sobres o pegar etiquetas, tiempo para organizar y reclutar, o simplemente tiempo para “hablar” de la organización con tus amigos. Será sacrificado y provocará sufrimientos. Involucrará ser el blanco del chisme. Para algunos, incluirá ser multado, o incluso encarcelado, por hacer lo correcto.

Reza. La oración es la fuerza más poderosa del universo. Reza sobre esto con sinceridad, no simplemente como un truco psicológico para sentirte bien, sino para pedir a Dios poder real y guía y (sobre todo) el bien de modo que tú y tu sociedad pueda seguir el mandato bíblico “Se santo, pues yo el Señor tu Dios soy santo”. Pide a Dios que te dirija a encontrar lo que, específicamente, puedes hacer y por quien puedes rezar. “Más cosas son obtenidas por la oración que lo que este mundo sueña.”
De nosotros depende.

--> Leer...

 

  © 2009 Desde la Roca del Grifo

True Contemplation Blogger Template by M Shodiq Mustika